Las grandes empresas abogan por estructuras de teletrabajadores, basadas en la creatividad, la comunicación y la ausencia de jerarquías
La Nueva Economía avanza de forma imparable. Las posibilidades que las innovaciones tecnológicas introducen en las redes de trabajo están propiciando enormes cambios en las estructuras empresariales. En el marco de esta evolución, ha aparecido la figura de los e-lancers: profesionales autónomos que realizan su trabajo a distancia para compañías con las que su relación laboral se limita a proyectos concretos. Este tipo de trabajo da como resultado la existencia de organizaciones empresariales menos jerarquizadas, centradas en la necesidad de que los profesionales generen ideas nuevas, y en las que los directivos disminuyen sus áreas de control, limitándose a establecer unas pautas generales de funcionamiento.
Coordinación y cooperación
Las empresas optan por una organización horizontal del trabajo, basada en la creatividad, la iniciativa y la responsabilidad de los e-lancers. Se trata de que la comunicación, la coordinación y la cooperación entre los trabajadores sustituyan a las tradicionales estructuras jerárquicas, basadas en que los directivos ejercían un control más directo sobre sus empleados. La base del trabajo de los e-lancers se resume en la frase "todos damos, todos recibimos". Cada proyecto parte de la creación de una red de teletrabajadores en la que las tareas y responsabilidades se distribuyen de manera equitativa. Los integrantes de esa red coordinan sus labores con el objetivo de optimizar su trabajo y conseguir los mejores resultados posibles. De este modo, tanto empresas como trabajadores obtienen ventajas. Los e-lancers ofrecen a las empresas un trabajo innovador y creativo, al tiempo que disfrutan de un entorno laboral flexible, lo que redunda en una mayor calidad de vida laboral. Existe el riesgo de que, debido al trabajo a distancia, se produzca un aislamiento entre estos trabajadores con respecto a las empresas y a la administración. En este sentido, Thomas Malone, director de la iniciativa Creación de las organizaciones del siglo XXI, considera que la solución de este problema está en la creación de redes de profesionales que protegerán directamente a sus miembros, de forma similar a como lo hacían los gremios medievales.
Cambio cultural
Quizás la mayor dificultad a la que se enfrenta esta nueva modalidad de trabajo se encuentra en la necesidad de afrontar un auténtico cambio cultural para entender estas nuevas relaciones laborales. La figura del director o del jefe deja de tener sentido en una estructura horizontal basada en la cooperación y en la unión de esfuerzos para conseguir un resultado óptimo. En España, esta forma de trabajo se ha implantado en la década de los 90, de forma tardía con respecto a los países nórdicos o a Estados Unidos, donde hay 28 millones de teletrabajadores. Aunque la cantidad de e-lancers no ha dejado de crecer en los últimos años, en términos relativos su número es todavía muy inferior al de estos países. La misma situación de retraso se produce en el resto de la Europa Meridional. Los motivos se encuentran en factores culturales, puesto que los trabajadores de estos países son más reacios a prescindir de contratos personales y los directivos siguen prefiriendo el control directo de sus empleados. Otros elementos que inciden negativamente son la calidad de la infraestructura tecnológica y la disponibilidad de espacio en las viviendas. Los gobiernos europeos están trabajando para impulsar el trabajo de los e-lancers, ya que consideran que permite reducir el desempleo e incrementar la productividad.
Fuente:
Asociación Española de Teletrabajo